Familia : Muscicapidae

Texto © Dr. Andrea Giordano

Traducción en español por la Dra Cristina Valcuende

El Shama de cola blanca (Copsychus malabaricus), llamado así por el cándido plumaje dorsal visible en ambos sexos entre la cola y las alas, es una de las aves más buscadas por los criadores por la belleza de su plumaje y sus notables dotes canoras. Es un insectívoro del subcontinente indio, del sudeste asiático y del sur de China © Khoi Tranduc
El Shama de rabadilla blanca (Copsychus malabaricus (Scopoli, 1786-1788)) es una de las aves exóticas más apreciadas, tanto por la belleza de su plumaje como por sus extraordinarias aptitudes para el canto, y no sorprende que se trate de una de las especies más buscadas por los criadores.
El término “shama” tiene una etimología incierta, pero muy probablemente procede del nombre hindi (शामा) utilizado para referirse a esta especie, aunque los especialistas tienden a emplearlo también para otros miembros del género Copsychus (por ejemplo, el Shama de cola rojiza (Copsychus pyrropygus), el Shama de Strickland (C. stricklandii) y el Shama de cejas blancas (C. luzoniensis), y a veces incluso para todas las especies del género).

Aparte de los colores y la cola, también por su común propensión al canto melodioso, casi podría decirse que es un Mirlo (Turdus merula), como sugiere el propio nombre científico, y de hecho antiguamente estaba aún clasificado entre los Turdidae, pero hoy ha sido asignado a la familia de los papamoscas, los Muscicapidae © Giuseppe Mazza
Copsychus malabaricus pertenece al orden de aves más numeroso, el de los paseriformes, y a la familia de los “papamoscas del Viejo Mundo”, o más correctamente, de los muscicápidos (Muscicapidae). No por casualidad, el nombre de la familia procede de las palabras latinas “musca” (mosca) y “capere” (capturar).
Copsychus, el nombre del género al que pertenece, deriva de kópsikhos (κόψιχος), que en griego antiguo significa “mirlo”, mientras que malabaricus deriva de Malabar, región geográfica del sudoeste de la India que se extiende principalmente por los actuales Kerala y Karnataka.
El significado del nombre científico de esta especie es, por tanto, “mirlo de Malabar”: no en vano, antiguamente se consideraba que el shama de rabadilla blanca formaba parte de la familia de los túrdidos (Turdidae), como el mirlo común (Turdus merula), con el que fue asociado por su plumaje negro, aunque el del shama presenta tonalidades más azuladas, y por su inclinación al canto melodioso.
Zoogeografía
Este paseriforme se distribuye por el subcontinente indio, el sudeste asiático y el sur de China, y de manera oficiosa está clasificado por la IUCN como especie de preocupación menor. Sin embargo, su estado varía de forma más o menos considerable según el área geográfica analizada, principalmente a causa de la destrucción de su hábitat y del comercio que lo involucra como animal doméstico y de competición canora. Estos fenómenos lo llevan en algunos países a encontrarse en riesgo de extinción.
Las talas selectivas de bosques, como las que tienen lugar en Borneo, constituyen uno de los elementos de mayor preocupación: la formación de áreas deforestadas conduce a cambios microclimáticos, a la disminución de los insectos de los que se alimenta, de los lugares de nidificación y de los materiales necesarios para construir el nido, así como a un aumento de la tasa de depredación de polluelos y huevos, cada vez más impactante.
En países como Singapur, Malasia, Indonesia, Brunéi y Tailandia, el furtivismo no da tregua al shama de rabadilla blanca, cuyas costumbres sedentarias y territoriales facilitan su localización y captura: a menudo se le considera la mejor ave canora, especialmente a lo largo de la península malaya y Singapur, lo que, unido a la belleza de su plumaje, lleva a los compradores a estar dispuestos a pagar cantidades muy elevadas por poseerlo.
Las cifras en cuestión son bastante variables y se refieren principalmente a los machos, que presentan los plumajes y cantos más bellos.

Se alimenta de insectos como hormigas, cucarachas, saltamontes y orugas, pero también de ciempiés, arañas, lombrices y bayas © Giuseppe Mazza
La fama canora de Copsychus malabaricus es tal que fue una de las primeras aves de la historia cuyo canto fue grabado, concretamente por Ludwig Koch en 1889. Es sobre todo gracias a las competiciones de canto, muy populares en el sudeste asiático, como estos animales pueden alcanzar valores económicos desorbitados: un solo macho, si se considera de gran calidad, puede llegar a valer varios miles de euros.
La participación en las competiciones, y más aún su victoria, permite aumentar considerablemente el precio de venta del ejemplar, especialmente si se tiene en cuenta la presencia de espectadores y compradores procedentes de todos los estratos económicos: este hecho resulta muy atractivo, sobre todo en países donde la pobreza y la miseria son mayores, y por ello el negocio que genera es especialmente fuerte y preocupante, poniendo seriamente en riesgo también a muchas otras especies de aves.

El canto es su punto fuerte, emblema de la territorialidad con que los machos controlan unos 1.000 m² © G. Mazza
No existe un criterio único para declarar a los vencedores: según la competición, las aves son juzgadas por el tono, la variedad de notas, la elegancia mostrada durante el canto, la longitud de las notas o incluso por la capacidad de los ejemplares para imitar los sonidos de otras aves.
A estas competiciones se asocian además premios en metálico y comercio de accesorios, y en ocasiones llegan incluso a convertirse en una verdadera forma de atracción turística difícil de contrarrestar. Como si esto no fuera suficiente, muchas manifestaciones de este tipo están gestionadas por la delincuencia organizada.
La popularidad del Shama de cola blanca lo ha llevado también a ser introducido en nuevas áreas geográficas, donde en ocasiones resulta ser una especie invasora, sobre todo con respecto a los insectos y a otras especies de aves (célebres son sus introducciones en las islas Hawái, en Hong Kong y en Taiwán).
A diferencia de otras especies alóctonas que tienden a preferir las áreas antrópicas, el “Mirlo de Malabar” prefiere las naturales, entrando en mayor competencia con las especies locales debido a su extrema territorialidad.
Ecología-Hábitat
Copsychus malabaricus habita principalmente en áreas húmedas con densa cobertura vegetal, como zonas boscosas y forestales, incluidos los bosques de bambú, y selvas secundarias.
Prefiere el sotobosque y los rincones sombríos, donde se alimenta en el suelo de artrópodos y bayas.
La coloración del plumaje facilita su ocultamiento frente a los depredadores, gracias también a su tendencia a alimentarse durante las horas del crepúsculo. La dieta del shama de rabadilla blanca está constituida principalmente por insectos como hormigas, cucarachas, saltamontes y orugas, pero también por arañas, ciempiés, lombrices y algunas bayas.
En general, el animal tiende a explorar el suelo y los arbustos en busca de alimento mediante pequeños y rápidos impulsos o saltitos.
Fuera de las horas crepusculares, el shama de rabadilla blanca raramente permanece mucho tiempo en el suelo, prefiriendo posarse en los árboles y desplazarse volando. Por toda esta serie de razones, en conjunto es un animal difícil de observar, aunque sus hábitos territoriales hacen que por lo general no se desplace de manera significativa: en su seguimiento suele resultar más eficaz confiar en sus vocalizaciones, aunque es importante no pasar por alto su capacidad para imitar los sonidos de otras aves.

Desgraciadamente, este virtuosismo le ha valido la prisión de por vida en jaulas, exhibidas en concursos de canto donde los vencedores se venden a precios astronómicos © Laura Barroso
El área de campeo de Copsychus malabaricus es en general de unas 0,1 ha (aproximadamente 1.000 m²). El individuo solitario defiende su territorio, pero con la formación de la pareja es el macho quien se ocupa principalmente de ello. La especie tiende a ser monógama, pero es posible que fuera de la estación reproductora el macho y la hembra se distribuyan en territorios distintos.
En general, el Shama de cola blanca se mantiene a altitudes que no superan los 600 m sobre el nivel del mar, pero en Tailandia puede llegar incluso a los 1.500 m. Como muchas otras especies, frecuenta estanques y arroyos para beber y para limpiar meticulosamente su plumaje, del que dependen el éxito reproductivo y la eficacia en el vuelo.

Las hembras, que no presentan las tonalidades azules ni el tamaño de los machos, se conforman con cantos más breves y con la corta señal de contacto típica de la especie © Giuseppe Mazza
Frecuenta también ambientes antrópicos, como parques, jardines y plantaciones. Puede observarse incluso en los parques de grandes ciudades como Bangkok, Singapur y Taipéi.
Morfofisiología
En esta especie apreciamos dimorfismo sexual, tanto a nivel del plumaje como del tamaño. En ambos sexos pueden distinguirse dos libreas principales: una superior, situada entre el pecho, incluyendo también las alas, y el extremo de la cola, interrumpida únicamente por la célebre rabadilla blanca; y una inferior, en ambos sexos de color rojizo y situada entre el pecho y la zona subcaudal.

Una rara imagen del nido, construido por la hembra, que incuba de 3 a 4 huevos durante 12-15 días © Dylan James
La librea superior del macho es de color negro azulado que, en contraste con los rayos solares, crea reflejos casi metálicos gracias a la estructura prismática de las plumas que la constituyen.
En la hembra, en cambio, la librea es de color gris parduzco y su plumaje tiende en conjunto a presentar tonalidades más apagadas, incluido el color rojizo de la librea inferior.
El plumaje de los jóvenes es muy similar al de las hembras adultas, pero la librea rojiza suele presentar tonos más oscuros en la región del pecho.
Distinguir a los jóvenes de las hembras adultas no siempre resulta fácil, según la edad de los individuos: por ello es importante basarse también en el tamaño, ya que los jóvenes son más pequeños y presentan colas más cortas.
En ambos sexos encontramos además picos y ojos negros, patas rosadas y plumas externas situadas en la parte inferior de la cola de color blanco con base negra o grisácea según el sexo.
Estas plumas crean un claro contraste con el fondo oscuro de la cola y permiten a estos animales realizar rápidos cambios de dirección durante el vuelo.
La superficie interna de las alas es grisácea, con una prolongación de la coloración rojiza a lo largo de las coberteras menores y del álula, según el individuo.
Es importante tener en cuenta que el shama de rabadilla blanca presenta un elevado número de subespecies y, por tanto, las características morfológicas recién descritas deben considerarse de carácter general.
La subespecie tomada principalmente como modelo es la nominal, Copsychus malabaricus malabaricus; el número de subespecies varía de manera más o menos sensible según los autores, pero la mayoría tiende a reconocer entre quince y veinte.
Los debates más intensos surgen por la presencia de algunas subespecies que por lo general son reconocidas como especies por derecho propio: entre ellas, dignas de mención son el Shama de las Andamán (Copsychus albiventris) y el Shama de Strickland (C. stricklandii, que comprende dos subespecies a veces consideradas subespecies del shama de rabadilla blanca). La morfología es prácticamente la misma, pero en el Shama de las Andamán se aprecia en la parte inferior del plumaje una coloración blanca más o menos extensa; por lo general, la librea rojiza queda confinada entre el arranque de las patas y la zona subcaudal. El Shama de Strickland, en cambio, presenta en la parte superior de la cabeza una mancha blanca que hace que en inglés se lo conozca como “white-crowned Shama” (literalmente, “shama coronado de blanco”).

El macho se ocupa del control del territorio y del sustento familiar, alimentando a la compañera durante la incubación y luego a los polluelos © Yu-Chieh Chen
En lo que respecta al tamaño, en el shama de rabadilla blanca el macho es mayor que la hembra: el macho puede alcanzar una longitud de 28 cm, con nada menos que 18 cm de longitud de cola, mientras que la hembra suele alcanzar los 22-23 cm, con una longitud de cola de 14-15 cm. Los machos también resultan ser más pesados, pudiendo llegar a los 35 g, mientras que el peso de las hembras suele rondar los 28 g.
Etología-Biología reproductiva
Como ya hemos tenido ocasión de comprobar en más de una oportunidad, hablar del Shama de cola blanca equivale a hablar de un gran cantautor: el canto, las melodías y las composiciones son omnipresentes y desempeñan siempre un papel central en su existencia.

Cuando crecen, la demanda de alimento aumenta y también la hembra sale a cazar © Yu-Chieh Chen
Sus composiciones son complejas, ricas en notas y tonos diversos, melodiosas, potentes y a veces incluso dedicadas, con elementos elegidos expresamente para la pareja. El Shama de cola blanca es de hecho un cantautor en el sentido propio del término, con composiciones que varían según el individuo que las crea.
La complejidad de sus cantos alcanza niveles máximos gracias a la integración de melodías compuestas por otras aves, las cuales también pueden favorecer la creación de nuevas melodías o la fusión de las mismas, de manera semejante al más conocido Ave lira (Menura novaehollandiae).
Los machos de Copsychus malabaricus emiten las melodías más bellas y complejas, pero también las de tonos más altos: las razones están relacionadas con el uso del canto como principal instrumento de seducción de las hembras y de defensa del territorio, que como sabemos, una vez formada la pareja, compete principalmente al macho.
Las vocalizaciones del macho son tan potentes que pueden oírse a varios cientos de metros de distancia, un hecho verdaderamente extraordinario, especialmente si consideramos el pequeño tamaño de estos animales.
Las hembras emiten cantos más breves y sobre todo durante la estación de celo o en presencia de la pareja.
Tanto machos como hembras recurren con frecuencia al uso de estridentes “tschak” o “tck” para indicar su presencia, pero también durante el forrajeo o cuando se sienten alarmados por factores de perturbación.
La estación reproductora del shama de rabadilla blanca tiende a situarse entre marzo y junio. Durante el cortejo, el macho realiza su exhibición mientras la hembra lo observa generalmente desde abajo: el macho se asegura siempre de dirigir la mirada hacia ella, atrayendo su atención con reclamos agudos y melodiosos acompañados de rápidas oscilaciones de la cabeza hacia arriba y hacia abajo, así como de repetidos movimientos y aperturas de las plumas caudales.
Ambos sexos comienzan luego a efectuar continuos y breves vuelos en descenso y ascenso, mientras que la frecuencia de movimiento de las plumas caudales del macho aumenta. Si la hembra no está interesada en la cópula, aleja al macho manteniendo el pico abierto. Si, por el contrario, responde a sus llamadas, se trata de una señal muy alentadora: incluso después de la formación de la pareja, macho y hembra tienden a llamarse constantemente.

Un juvenile. El plumaje al principio es muy similar al de las hembras y la esperanza de vida en la naturaleza es de aproximadamente 7 años © Giuseppe Mazza
El nido suele ser construido por la hembra con raíces, tallos y hojas hacia marzo, mientras que el macho se ocupa de la defensa del territorio. La incubación también corre a cargo de la hembra, en cavidades de árboles o en el sotobosque, donde deposita de tres a cuatro huevos: estos son de tamaño muy pequeño, aproximadamente de unos 20 mm, y su coloración varía del blanco al verde claro con numerosas manchas pardo-rojizas. La incubación oscila entre 12 y 15 días y, al eclosionar, los polluelos son ciegos y carecen de plumas.
La vista aparece alrededor del sexto día de vida y, tras solo 11 días, los polluelos desarrollan ya una cobertura total de la superficie corporal. Ambos progenitores se ocupan del cuidado y de la alimentación de la prole.
Desde 2020, Copsychus malabaricus aparece como “LC, Least Concern” (Preocupación Menor) en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.
Sinónimos
Kittacincla malabarica (Scopoli, 1786); Kittacincla macrura (J. F. Gmelin, 1789).
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