Familia : Anatidae

Texto © Dr. Davide Guadagnini

Traducción en español por la Dra Cristina Valcuende

La llamativa librea nupcial de Aix sponsa se camufla entre luz y sombra © Giuseppe Mazza
El Pato de Carolina o Pato joyuyo (Aix sponsa Linnaeus, 1758), llamado también en Europa “Woodie” (de wood = madera), Anátida nupcial, Anátida arcoíris, Anátida de verano y, por último, Anátida de pantano, pertenece al orden de los Anseriformes a la familia Anatidae ; es una de las dos especies pertenecientes al género Aix.
El nombre del género Aix es un término griego mencionado por Aristóteles; se refiere a un ave y significa “oca pequeña, somormujo, anátida”, aunque sigue siendo un término no del todo definido. El término específico sponsa deriva del latín y significa “prometida, una novia”. Se trata, por tanto, de un “ave acuática vestida de novia”.
Zoogeografía
El Pato de Carolina es originario de una amplia franja central, no continua, de Norteamérica y más concretamente: del este de Norteamérica, de la costa occidental de Estados Unidos, de Florida y del occidente de México, llegando hasta Cuba; inverna en el sur de California y en la costa mexicana del Pacífico. Esta anátida es residente todo el año en las partes más meridionales de su área de distribución, mientras que las poblaciones más septentrionales migran hacia el sur en invierno. Algunos ejemplares han sido observados también en Europa, pero se trata de individuos escapados de cautividad o liberados.
Ecología-Hábitat
El hábitat de esta especie está constituido por lagunas, lagos poco profundos, estanques, pantanos, pequeñas masas de agua apartadas y ríos de corriente lenta. También frecuenta ríos de corriente más rápida si atraviesan densos bosques caducifolios. Esta especie, especializada en nidificar en cavidades, depende de ambientes boscosos provistos de agua y en los que existan árboles maduros dotados de cavidades de dimensiones adecuadas para la nidificación.
Morfofisiología
Es una anátida bastante compacta, de 47-55 cm de longitud, con un peso medio de 550-870 g y una envergadura de 66-73 cm. También el macho de esta especie, al igual que su congénere asiática, el Pato mandarín (Aix galericulata), luce un plumaje nupcial de espléndidos colores que hace de ellos las aves acuáticas americanas más vistosas. Como ocurre a menudo, pese a su coloración llamativa, estas anátidas resultan sin embargo crípticas en su ambiente acuático a la sombra de la vegetación sobresaliente. El macho del Pato de Carolina, como su primo asiático, presenta también un abundante penacho de plumas eréctiles; faltan, sin embargo, las plumas laterales alargadas de las mejillas típicas del macho del pato mandarín. La cabeza es verde oscuro metálico con partes superiores iridiscentes; una zona lateral dorso-posterior al ojo es de color bronce-violeta cambiante, del mismo color es la parte terminal del penacho; las mejillas son negro aterciopelado con reflejos verdosos.

Distribuida en Norteamérica, tiene una estructura compacta como su congénere asiática © Giuseppe Mazza
Toda la cabeza presenta líneas blancas de diseño característico: es blanca la zona subgular y también dos franjas verticales que ascienden desde la garganta hacia la parte dorsal a nivel de la mejilla y que se interrumpen hacia la mitad de la cabeza; también es blanca una franja superciliar que parte de cada lado basal dorsolateral del pico, recorre toda la cabeza y confluje, a la altura del penacho, con otra franja blanca que nace un poco por detrás del ojo.
El pecho es de color rojo pardo regularmente punteado de blanco; la continuación del pecho y el vientre son blancos. Los lados del cuerpo son de color marrón-cuero-canela finamente escarchados de claro. También lateralmente, entre pecho y flancos, hay una franja blanca seguida de una franja negra, ambas verticales. El dorso y la cola son pardo-negruzcos oscuros. Antes de la cola, lateralmente, tras la parte pardo-canela vermiculada de claro, hay líneas curvas verticalizadas blancas y negras y luego una porción de color semejante al del pecho.
El ala, dorsalmente, es pardo oscura con un amplio espejo alar azul iridiscente bordeado distalmente de blanco. El envés del ala es gris claro sombreado de oscuro en la parte posterior y moteado de oscuro en la parte anterior. El pico es muy variado en color, rojo con un borde amarillo en la inserción dorsal; la ranfoteca inferior y la parte dorsal de la ranfoteca superior, incluida la uña, son negras; la parte lateral bajo la narina es de color carnoso blanquecino. El ojo, en los machos adultos, es rojo intenso, con borde palpebral también rojo. Las patas son amarillas con matices grisáceos.
Las hembras, de plumajes más discretos, se parecen mucho a las hembras de pato mandarín, pero, respecto a estas, tienen la zona blanca que rodea e incluye el ojo de mayores dimensiones; también el pico de las hembras de Pato de Carolina es mayor, con coloración gris oscura y uña negra en lugar de blanquecina. El dorso de las hembras de Pato de Carolina, comparado con el de las hembras de pato mandarín, es más oscuro y de color verde-marrón brillante; por último, las hembras de Pato de Carolina parecen más grandes, más largas, con una frente menos puntiaguda y patas más cortas (de coloración semejante a la de los machos), dotadas de uñas importantes con las que se aferran fácilmente a troncos y ramas. Los ojos, en las hembras, tienen iris pardo oscuro.

Activa sobre todo al amanecer y al atardecer, presenta una dieta omnívora. Insectos, renacuajos, anfibios, pececillos y pequeños animales son importantes para hembras y polluelos © G. Mazza
A pesar de tener patas cortas, los patos de Carolina son capaces de caminar bastante deprisa por el suelo. Su batido de alas es rápido, el movimiento de las alas genera silbidos suaves y el vuelo es rápido y ágil entre los árboles, ayudados en las maniobras por la cola, que es ancha y cuadrada. Estas anátidas son capaces de descender en picado, bajando de forma casi vertical sobre pequeños estanques y lagunas forestales y “aterrizando” con sonoras salpicaduras.
Los ojos son, proporcionalmente, bastante grandes para poder ver en la penumbra de los ambientes en los que viven. Los jóvenes tienen coloración similar a la de las hembras. Los machos jóvenes se distinguen precozmente de las jóvenes hembras por la mayor extensión del blanco en la zona subgular.
Etología-Biología reproductiva
Esta especie es más activa a primera hora de la mañana y al atardecer. Su alimentación es omnívora; se nutre de una amplia gama de vegetales, mientras que la depredación de insectos, renacuajos, anfibios, pequeños peces y pequeños animales es particularmente importante para las hembras y para sus crías en crecimiento.
En otoño e invierno se alimenta sobre todo de bellotas, castañas, hayucos y nueces. Las parejas comienzan a formarse en otoño-invierno; el vínculo de pareja es bastante fuerte (es fácil ver a los compañeros intercambiándose muestras de afecto y acicalamientos recíprocos con el pico) y a veces puede prolongarse más allá de la temporada reproductora.
Los machos de Pato de Carolina, durante el cortejo, levantan el largo penacho, que de este modo adquiere el doble del volumen que en reposo, y al mismo tiempo giran la cabeza de un lado a otro exhibiendo y mostrando sus espléndidos y variados colores brillantes. La competencia por la conquista de las hembras puede ser intensa. Esta especie es una de las primeras anátidas americanas en adquirir el plumaje nupcial en otoño, así como una de las primeras en adquirir el plumaje de eclipse. En primavera, los machos de Pato de Carolina permanecen en contacto vocal continuo con sus congéneres emitiendo sonidos muy bajos y casi imperceptibles.
Las hembras alarmadas, en cambio, emiten chillidos en crescendo o fuertes “cr-r-ek-cr-r-ek”. Estas vocalizaciones intensas emitidas por las hembras son ventajosas en hábitats de visibilidad reducida a causa de la abundante vegetación en que viven con las nidadas. Estas anátidas vuelan con la cabeza alta y el pico ligeramente inclinado hacia abajo. De naturaleza desconfiada, el Pato de Carolina puede llegar a mostrarse confiado cuando no se le molesta, particularmente en cursos de agua tranquilos y resguardados presentes en parques urbanos. En ambientes salvajes, a causa del aislamiento forestal en el que vive, no tiende a socializar con otras especies acuáticas.

Durante el periodo reproductor, la competencia por la conquista de las hembras puede ser intensa © Giuseppe Mazza
Durante el día le gusta descansar sobre ramas o estructuras emergentes del agua. Durante gran parte del año, los patos de Carolina no reproductores forman grandes congregaciones de individuos que se reúnen en amplios sitios comunes caracterizados por aguas poco profundas y coberturas vegetales incluso bastante escasas; en estos ambientes algunos dormideros comunitarios pueden ser ocupados incluso por varios miles de individuos. En tales lugares, al atardecer las anátidas vuelan en pequeños bandos desde las zonas de alimentación a los dormideros nocturnos, donde pasan la noche. En las primeras horas del alba realizan el vuelo inverso.
Los patos de Carolina, en Norteamérica, son tanto migradores como sedentarios. Las parejas migradoras llegan a comienzos de primavera a los ambientes más septentrionales en los que se reproducen; en marzo o abril, una vez derretido el hielo en los estanques y pantanos frecuentados. Las parejas que se reproducen en el sur de su área, en esos mismos meses primaverales, pueden tener ya polluelos, al haber efectuado la puesta a comienzos de febrero.
Las hembras de Pato de Carolina nidifican también en los nidos del Pico pileado (Dryocopus pileatus) (y, en el pasado, en los nidos del carpintero Pico de marfil, Campephilus principalis). Ambos miembros de la pareja excavan y adaptan el nido a sus necesidades, aunque es la hembra la que elige la cavidad adecuada donde poner. Los nidos pueden situarse hasta a 20-25 metros de altura y no es raro ver a estas anátidas colgadas incluso en posición vertical, aferradas con las uñas y apoyadas con la cola, como los pájaros carpinteros, cerca de los orificios. Cualquier cavidad en troncos y ramas de los árboles más variados es muy buscada para la instalación del nido.
Se prefieren los nidos con entradas pequeñas con el fin de impedir la entrada de los mapaches (Procyon lotor). Otros temibles depredadores de huevos, y que no pueden ser detenidos ni siquiera por orificios pequeños, son las serpientes. Los patos de Carolina, en su búsqueda de lugares de nidificación, tienen con frecuencia la costumbre de entrar incluso en las chimeneas de las casas, pudiendo quedar atrapados en ellas; en las regiones donde este fenómeno es frecuente conviene revisar las chimeneas para evitar muertes inútiles. La especie compite por los lugares de nidificación con el Estornino pinto (Sturnus vulgaris) y con los pájaros carpinteros spp., que pueden llegar a alimentarse de parte del contenido de los huevos de estas anátidas.

Mamá pata con polluelo. Como en Aix galericulata, el plumaje de las hembras es discreto © Patrizia Ricci
Los nidos pueden situarse también a una distancia considerable del agua (incluso a más de un kilómetro); obviamente esto constituye un riesgo añadido para los patitos, que se ven obligados a una larga marcha para alcanzar el agua; en tales casos se pierden fácilmente nidadas enteras. La especie no es fuertemente territorial y los nidos, si los lugares son adecuados, pueden construirse próximos unos a otros. Los huevos se depositan en nidos bien acolchados con material y con plumón que la hembra se arranca del vientre.
Los huevos, bastante grandes, tienen forma redondeada (extremo agudo poco marcado), dimensiones ligeramente variables y coloración crema-beige translúcida. Son muy semejantes a los de su congénere el Pato mandarín (aunque quizá los de este sean de media ligeramente mayores). La puesta consta de 7-15 huevos, pero no es raro encontrar en un mismo nido más huevos fruto de parasitismo intraespecífico; si el nido contiene demasiados huevos, la incubación se ve comprometida y el nido suele abandonarse. La incubación dura aproximadamente 30-33 días y, si la puesta es destruida, la hembra vuelve a poner en una cavidad diferente. Los neonatos, muy parecidos a los polluelos del pato mandarín, pero más oscuros, se lanzan desde el nido animados por las vocalizaciones de las madres, ya salidas de la cavidad.
Son las hembras las que se ocupan de los pequeños durante los dos meses necesarios hasta alcanzar la independencia, aunque los machos suelen permanecer con las hembras durante gran parte de la incubación (más que en otras especies de anátidas norteamericanas), hasta el inicio de la eclosión o a veces incluso después. El Pato de Carolina es la única ave acuática norteamericana capaz de efectuar, en la parte más meridional de su área, más de una puesta al año, y en estos casos las hembras pueden abandonar a los pequeños cuando tienen un mes de edad para dedicarse a una puesta posterior. Los mapaches constituyen la mayor amenaza para los huevos, los patitos e incluso para las hembras en incubación.
Otros depredadores de los patitos son los aligátores, las serpientes, las ratas, las tortugas palustres y las ranas toro (Lithobates catesbeianus). Los patitos son muy vivaces y rápidos, y son capaces de sumergirse con facilidad en busca de alimento o para escapar de los depredadores. Los principales depredadores de los adultos son: el Búho cornudo (Bubo virginianus), el Visón americano (Neovison vison), el Mapache (Procyon lotor), el Zorro rojo (Vulpes vulpes), el Zorro gris (Urocyon cinereoargenteus), el Aligátor americano (Alligator mississippiensis) y la Serpiente ratonera negra (Pantherophis obsoletus).

Para defenderse de los depredadores, nidifican en cavidades de árboles, incluso a 25 m de altura, a veces a 1 km del agua. El recorrido está lleno de peligros y, si todo va bien, los patitos tienen una esperanza de vida de 15 años © Patrizia Ricci
A pesar de que el Pato de Carolina es una de las aves acuáticas nidificantes más numerosas del este de Estados Unidos, en los primeros años del siglo pasado era, por el contrario, muy escaso.
Los grandes bosques caducifolios fueron sistemáticamente talados, eliminando los árboles maduros o viejos ricos en cavidades idóneas para la nidificación de esta especie.
Esto, unido al drenaje de las zonas húmedas, a la llegada de las escopetas semiautomáticas, a la caza intensiva practicada en diversas estaciones y a la demanda de sus plumas para la confección de moscas artificiales para la pesca de la trucha, fueron las principales causas de la pasada rarefacción de la especie.
El Pato de Carolina llegó incluso a ser considerado virtualmente extinguido en libertad en 1918, pero por fortuna algunas poblaciones sanas habían permanecido fuera de las trayectorias de los cazadores.
Un posterior programa de construcción y distribución de cajas nido condujo a un incremento inmediato y casi milagroso de la especie, que llegó a contar con 3,5 millones de individuos en 1960. Ahora, a causa de la pérdida de hábitat, del aumento de la población humana y de la reanudación, aunque limitada, de la caza (que había estado totalmente prohibida entre 1918 y 1940), la especie ha registrado un descenso: alrededor de 1,4 millones de ejemplares en los años noventa.
Esta anátida es muy apreciada por los criadores ornamentales de todo el mundo, entre los cuales es una de las especies más criadas, también con diferentes mutaciones de color obtenidas en cautividad; la forma ancestral, como siempre, sigue siendo la más bella.
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