Avestruz : en naturaleza y en los criaderos de Sudáfrica

Los avestruces son animales sorprendentes. Además de esconder la cabeza debajo de la arena, son animales de coraje y saben defenderse. Como contra es cierto que digieren hasta piedras. En Sudáfrica crian a los avestruces en criaderos. En las fábricas de la zona del Klein Karoo en Sudáfrica se cuentan más de 90.000 cabezas de animales que rinden 12 toneladas de plumas al año.

 

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Como fotografiar las patas de un avestruz sin peligro
 

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Texto © Giuseppe Mazza

 

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Traducción en español de Silvia Milanese

 

El viejo jeep da un salto, y Chris Dippenaar, guardaparque en una reserva privada en el límite con Kruger, apaga el motor.

Se aproxima a un arbolito de Acacia tortilis, toma dos ramitas y nos las pasa con profesionalidad. Más que de ramas, en realidad, se trata de una maraña de largas espinas blancas, que reducen drásticamente la transpiración de esta especie xerófila y le permiten permanecer meses y meses sin agua, desafiando tranquilamente el calor y el apetito de la cabra más hambrienta.

Manténganlas delante de ustedes si atacaran, agrega con un gesto, mientras Roberta, estudiante de biología y compañera de aventura en el safari a los avestruces, me lanza una mirada perpleja.

Entre las hierbas ahora bajas de la sabana, quemada por el sol, hay un pequeño sendero que nos lleva a un río que permanece seco por aproximadamente 300 días al año y lo remontamos lentamente a pie, en busca de algún gran nido. Sobre los dos lados un ligero pero denso matorral de plantas con raíces larguísimas, siguen al agua subterránea; fresco refugio para leopardos y leones que quizás nos observan mientras nuestro guía, con un fusil Westley – Richards 404 en la mano, escruta a su vez el pequeño manto verde.

Luego de repente, el lecho del río se ensancha, desaparecen también los espesos matorrales en una basta extensión arenosa desde la cual, casi para confirmar una falsa imagen del avestruz, muy cara a los sindicalistas y a los políticos, aparece casi de la nada una hembra enfurecida.

Era casi invisible, aplastada contra el suelo, entre los bajos arbustos, sobre una cantidad impresionante de huevos, y ahora nos amenaza con su largo cuello estirado hacia adelante, las alas abiertas, y ejecuta una danza sorprendente hecha de corridas y bruscas frenadas.

Mostrad las ramas, gritó Chris Dippenaar, y rápido el avestruz abandona el campo y corre aterrorizado, como una bruja delante de una ristra de ajos.

Los grandes ojos sobresalientes de estos pájaros, nos explica, son muy vulnerables, y por un reflejo condicionado, nacido antes que el hombre, temen más a las espinas que al fuego.

Del resto, con un animal capaz de correr hasta quedar sin aire a 70 Km por hora, con saltos de 6 a 8 metros, escapar no habría tenido ningún sentido; lo mejor en estos casos, si no se tienen a mano unas buenas ramas, aplastarse al suelo de manera que la uña asesina de su pata no pueda golpear violentamente.

Nos inclinamos sobre el nido cavado en la arena: un pichón pía tiernamente y otro nos mira desde el huevo ya roto.

Ha destruido, no se sabe como, una pared de más de dos milímetros, y endereza de tanto en tanto la cabeza. Roberta cuenta los huevos: son 32, demasiados para una hembra, y mientras nos retiramos con discreción, seguidos muy de cerca por un macho agresivo, Chris comenta con malicia que estos pájaros tienen una “preferida” a la que le son “fieles” por estaciones pero no rechazan jamás las escapaditas.

Entre los meses de mayo a junio los machos se “maquillan” para la boda. Con su elegante manto de plumas negras sobre las que brillan como perlas, las grandes plumas blancas de las alas, son más llamativos que las hembras, pero no estando todavía satisfechos se tiñen las patas y el largo cuello de un hermoso color fucsia. Es el atuendo nupcial, con el cual por meses controlarán un territorio de aproximadamente 15 km2, señal de que allí se ha realizado una boda y también será señal indicativa de peligro para los rivales.

Los apareamientos, precedidos de espectaculares danzas nupciales, se inician alrededor del mes de julio, al final del invierno austral. El macho, emite un sonido ronco y profundo, similar a un rugido (cuando ya los polluelos dejan de piar, los avestruces no emiten mas sonidos), atrae la atención de la hembra y sincroniza con ésta solo con movimientos para convocarla para la construcción imaginaria de un nido o un ritual de búsqueda de comida.

“Estaremos unidos por los pequeños”, repite con gestos, “mi casa será tuya, mi comida será tu comida, y la buscaremos juntos, para siempre, entre las hierbas de la sabana”.

Y para demostrar que está loco de amor cuando se da cuenta que la prometida esposa lo acepta, se arroja al suelo y, literalmente, se hace el loco, bate las alas como abanicos y tuerce el cuello, rojo fuego, entre nubes de tierra. La hembra, convencida, se acerca entonces arrastrándose, con las alas bajas haciendo rayas en el suelo en claro acto de sumisión, y el, con un salto, finaliza el acto de apareamiento.

Luego vendrán las escapaditas. En la naturaleza las hembras de los avestruces son mucho más numerosas que los machos, y es así gracias a estas “transgresiones” que el enorme potencial genético no se desperdicia. Los apareamientos ilegítimos se suceden con discreción, lejos de la “preferida”, que cuando regresa a la mañana para incubar ve extrañamente crecer el número de huevos en el nido: 15, 30 y hasta 40, según las conquistas de su pareja (los machos, más fuertes y con su manto de plumas negro, mimetizados en la noche, incuban desde el atardecer hasta el amanecer, y las hembras durante el día).

¿Qué es lo que le hace aceptar los huevos de sus rivales? Es todavía un misterio, y si bien no está probado que la Señora Avestruz sepa contar, parece que reconoce rápidamente sus huevos poniendo a los otros al margen del nido, donde el calor es menor y son mayores los riesgos de depredación. La incubación dura alrededor de 6 semanas, y de este modo, dejando inclusive alguna chance a los otros polluelos, su descendencia es siempre la preferida.

Nos cruzamos con otra pareja y los sigue una columna de pichones. Tienen de 2 a 3 semanas como máximo, y las plumas erectas recuerdan más al pelo de un erizo que al manto de las aves.

Aproximadamente 50 millones de años atrás, en las áridas estepas de Asia, los antecesores de los avestruces debían tener de arriba hasta abajo este aspecto. Rasguñaban el suelo como los pollos y habían ya perdido, sino la actitud, si el hábito de volar.

Cuando emigraron hacia Europa y África, crecieron de tamaño, quizás para escapar más rápido, quizás para defenderse de los depredadores, y desarrollaron un par de ojos extremadamente agudos, sobre un largo cuello, piernas espectaculares, con músculos de acero, y patas extrañas, con solo dos dedos (las otras aves corredores tienen 3 y los que también vuelan 4) y una garra con el filo de un cuchillo. Puede deshacer en pocos segundos un león o una hiena, y se afila continuamente, mientras el animal cae lentamente y con total levedad sobre un sólido almohadón plantar.

Las marcas de sus pisadas son similares a las de los camellos (por algo el nombre científico de los avestruces es Struthio camelus, que recuerda a esos mamíferos) que les permite correr, sin caer incluso en terrenos no tan seguros y que se desgranan con facilidad. Son animales típicos del desierto pero, así mismo, los avestruces no han metido jamás la cabeza bajo la arena.

Si bien, con respecto al cuerpo, la cabeza parece pequeña y hasta graciosa, son notables por su adaptabilidad y viveza; tanto es así que han colonizado los ambientes, desde las rocas desnudas, las sabanas ilimitadas hasta lo matorrales más espesos con estrategias de supervivencia y comportamientos siempre diferentes que dejan sorprendidos a los etólogos; éstos animales de 2,5 metros de altura y mas de 150 kg de peso, son aún hoy los pájaros más grandes existentes luego que en Madagascar se extinguieron los epiornítidos (Aepyornithidae), avestruces gigantes que ponían huevos de hasta 10 kg, siete veces más grandes que los actuales, y en Nueva Zelanda los famosos Moa que superaban los 250 kg de peso y los 3,5 metros de altura. No tenían prácticamente enemigos, pero tanto los de Madagascar como los de Nueva Zelanda fueron exterminados, hace aproximadamente dos siglos atrás por las armas de fuego y por los aborígenes del lugar que transformaron los últimos preciosos huevos en comidas y en utensilios significativamente baratos.

Aún hoy, en los modernos supermercados de Oudtshoorn, en Sudáfrica, se venden huevos de avestruz para realizar grandes fritados o para comerlos hervidos en familia.

Son el equivalente a dos docenas de huevos de gallina, y es necesario por lo menos una hora para cocerlos al punto de que queden duros, pero no se trata de un desastre o de una afrenta a la ecología porque en Sudáfrica los avestruces se han transformados en domésticos y son tratados y mantenidos como gigantescos pollos de criadero.

En la región del Klein Karoo, entre las montañas de Outeniqua y Swartberg, me confirma el señor Coetzee, dirigente de una cooperativa con 350 criadores, se encuentra concentrado el 97% de la población mundial. No se trata más del animal salvaje, diría más bien que es casi una nueva especie, fruto de largas selecciones.

Un avestruz en libertad vive desde 30 a 40 años hasta superar los 80, y es fecundo desde los 4 a 5 años. Son mucho más dóciles y menos territoriales como todas las forma domésticas. Aceptan por nido los galpones con el piso de arena y se dejan retirar los huevos sin oponer resistencia. En la naturaleza las hembras deponen en días alternados, por dos semanas, pero en cautiverio, cuando terminan de deponer los huevos son llevados de a poco a la incubadora, se equivocan casi siempre en la cuenta y tornan a poner huevos llegando casi a duplicar la cantidad.

La naturaleza les ha dado al nacer, más de 2.000 óvulos y si la comida es abundante, podrían, teóricamente deponer toda la cantidad.

La alimentación, me explica el señor Coetzee, ha sido el primer gran problema a resolver en los criaderos. Si bien devoran como glotones insectos, luciérnagas, ratones y hasta serpientes, los avestruces son básicamente herbívoros, pero contrariamente a los bueyes o a las ovejas rechazan el heno.

Pero en medio de la naturaleza cuando están en libertad, el plato fuerte está constituido por especiales y suculentas hojas que les aportan agua y alimento; plantas que crecen solas, sin necesidad de ser cultivadas, incluso en los corrales del Klein Karoo pero que obviamente no alcanzan para las actuales 90.000 cabezas. Los hemos adaptado a una dieta en base a alfalfa, avena y maíz. Cada animal come aproximadamente 5 kg por día y es necesario integrar estos vegetales con puré de huesos y cáscara de huevo para obtener un equilibrado aporte de calcio.

Como sabemos los avestruces trituran su comida con piedras y ellos mismos las eligen rascando el suelo. Se siente siempre atraído por todo lo que produce algún brillo, y en sus estómagos se encuentra de todo, desde monedas hasta ruleros para el cabello.

Los grandes problemas para los avestruces comenzaron precisamente en la época colonial, cuando fue encontrado en el estómago de un macho un gran diamante. Desde milenios los indígenas los cazaban con arco y flecha por la carne y sobre todo por el plumaje realmente muy apreciado desde tiempos remotos, por su perfecta simetría, símbolo de la justicia.

Pero con los fusiles fue una verdadera matanza. Si bien luego debían conformarse con alguna pluma y un guisado, lo que todos realmente esperaban era encontrar un diamante y en el año 1941 se extingue el último avestruz en Arabia, luego de que los africanos del norte y de Somalia habían ya desaparecido desde tiempo atrás.

De las cinco subespecies que vivían al comienzo de este siglo, sólo dos se encuentran hoy fuera de peligro: el avestruz de los Masai (Struthio camelus massaicus) del Este de África y el sudafricano (Struthio camelus australis).

¿Qué fue lo que los salvó del exterminio? Justamente los criaderos de Oudtshoorn (en el año 1895 se contaban mas de 250.000 cabezas), que llevaron el mercado de la venta de plumas a un verdadero desastre en el año 1911. Hoy la producción se encuentra estable con aproximadamente 125 toneladas por año, pero pasada la moda victoriana de los abanicos y de las boas, el sector más comprador es el de la fabricación de camperas rompe viento.

Se producen y se venden en los supermercados de todo el mundo con el increíble ritmo de 700.000 por año.

A partir de los 6 a 8 meses de vida, cuando los pequeños ya han alcanzado el tamaño de los adultos, los avestruces domésticos son desplumados regularmente, cada 9 meses. Oponiendo resistencia son colocados en la parte superior de un poste de longitud con un gancho, se ven limitados, encapuchados y atados a una cuña les retiran las plumas.

Desde las escalinatas de pequeñas pistas, los turistas asisten divertidos a estas demostraciones y graciosas carreras de avestruces con jinetes, y de este modo concluyen las visitas a los criaderos. Un espectáculo que si se quiere es bastante triste para un zoológo, pero también es cierto que estos criaderos han salvado la especie.

 

 SCIENZA & VITA NUOVA + NATURA OGGI – 1989