Familia : Conidae

Texto © Dr. Luca Tringali

Traducción en español por la Dra Cristina Valcuende

Común en las formaciones coralinas del Indopacífico, el Conus textile se encuentra desde la costa africana y el Mar Rojo hasta las Islas Fiyi, la Polinesia Francesa y Hawái © Nicola Crockford
Conus textile Linnaeus, 1758, conocido vulgarmente como Cono textil o Cono paño de oro, es un molusco gasterópodo cuya etimología remite al aspecto externo de la concha: el epíteto genérico, procedente del latín “conus”, cono, indica su forma, mientras que el nombre específico, también del latín “textilis”, textil, alude al llamativo diseño en triángulos.
Pertenece a la familia Conidae J. Fleming, 1822, un grupo de gasterópodos marinos muy diversificado debido a la presencia de venenos altamente complejos y a la elegancia de sus conchas.
Además del análisis genético mitocondrial, se han propuesto al menos dos tipos de claves de identificación. La primera se basa en la morfología de los dientes radulares, que ya han sido descritos en numerosas especies y que parecen estar ampliamente adaptados a la estrategia utilizada por los conidos para envenenar a sus presas; la segunda se basa en la presencia o ausencia de determinadas características específicas de la concha.

Debido a su diseño, esta concha es codiciada por coleccionistas y una fuente de ingresos para los pescadores © Giuseppe Mazza
Esta familia comprende más de 1000 especies repartidas en ocho géneros: Californicus J. K. Tucker & M. Tenorio, 2009, con una única especie, Californicus californicus (Reeve, 1844); Conasprella Thiele, 1929, con unas 180 especies que viven en el piso batial, entre 200 y 2000 m de profundidad; Conus Linnaeus, 1758, el grupo más numeroso, con 844 especies descritas, entre ellas el emblemático Conus gloriamaris Chemnitz, 1777 y el en ocasiones mortal Conus geographus Linnaeus, 1758; Kenyonia Brazier, 1896, con un único ejemplar conocido, procedente de las islas Vanuatu y atribuido a la especie Kenyonia pulcherrima Brazier, 1896, aunque según algunos autores se trataría simplemente de un ejemplar anómalo perteneciente al género Conus; Lilliconus G. Raybaudi Massilia, 1994, con ocho especies distribuidas a lo largo de la costa meridional de la península arábiga y de las costas del África oriental y de Madagascar; Profundiconus Kuroda, 1956, con 31 especies de aguas profundas, en torno a los 1000 m, distribuidas principalmente en la región indopacífica, de tamaño relativamente grande, con conchas extremadamente delgadas y alargadas y un opérculo grande con margen externo dentado; Pseudolilliconus J. K. Tucker & M. Tenorio, 2009, con cuatro especies de la costa de la península arábiga meridional; y Pygmaeconus Puillandre & M. Tenorio, 2017, con siete especies de pequeño tamaño propias de las costas arenosas de Filipinas, Indonesia y el este de Australia.
Zoogeografía
Los primeros conidos del género Conorbis, hoy extinguidos, aparecieron a comienzos del Eoceno, hace aproximadamente 55 millones de años (Ma), cuando el océano era uniformemente cálido, con temperaturas de las aguas superficiales de alrededor de 22 °C en las bajas latitudes.
Diversificaciones posteriores tuvieron lugar a finales del Eoceno superior (35 Ma, con al menos 40 especies fósiles conocidas) y entre el Oligoceno superior (29,3–35,4 Ma) y el Mioceno superior (5,2–10,4 Ma), con alrededor de 150 especies fósiles conocidas, periodo al que también se remontaría Conus textile.
El Plioceno inferior (5,4–3,2 Ma) estuvo marcado por una gran extinción que redujo el número de especies en un 73 %. Posteriormente tuvo lugar una segunda radiación que dio origen a varios centenares de especies anteriores al Pleistoceno, para las cuales no existe documentación fósil. En la actualidad, el género Conus está ampliamente distribuido en todos los océanos tropicales y subtropicales de la provincia indopacífica y en el Atlántico centro-meridional, aunque presenta su mayor diversificación en la región indopacífica occidental.

De hábitos predominantemente nocturnos, el Conus textile suele encontrarse enterrado en la arena durante el día, protegido de la luz © Sara Thiebaud
Las pocas especies presentes más allá del paralelo 40 norte o sur se localizan en Sudáfrica, Australia meridional, Japón meridional y el mar Mediterráneo.
Estos gasterópodos se encuentran principalmente en áreas de arrecifes coralinos, por lo general en aguas poco profundas, bajo los corales y enterrados en la arena o bajo acumulaciones de rocas y detritos. La mayoría de las especies de conidos presenta una alta tasa de reproducción, pero ha evolucionado para adaptarse a vivir en ambientes muy específicos en relación con los factores ecológicos, y posee una fase larvaria relativamente corta, aunque algunas especies tienen períodos planctónicos de aproximadamente un mes.
En consecuencia, ningún Conidae es cosmopolita o circuntropical. Conus textile muestra una distribución muy amplia, tanto en sentido norte-sur como oeste-este en toda la región indopacífica, desde el golfo de Aqaba hasta Sudáfrica por el oeste, y desde Japón hasta Nueva Zelanda por el este, a través del océano Índico central, India, Indonesia, Filipinas y Australia.

Se encuentra a poca profundidad. Es un molusco bentónico que se arrastra sobre el sustrato con un pie musculoso, oculto en gran parte por su concha © uwkwaj
Está además presente en las islas Hawái, en Fiyi y en la Polinesia Francesa.
Se han descrito tres subespecies del Cono textil: Conus textile textile Linnaeus, 1758, la subespecie nominal con la distribución más amplia; Conus textile neovicarius da Motta, 1982, típica del golfo de Aqaba y hallada en ambas orillas, africana y arábiga, del mar Rojo; y Conus textile vaulberti Lorenz, 2012, conocida anteriormente como Conus scriptus Sowerby II, 1858, propia del archipiélago de Saint Brandon, a unos 50 km al norte de la isla de Mauricio.
Ecología-Hábitat
Conus textile frecuenta los arrecifes rocosos y coralinos, donde se encuentra bajo rocas y placas de coral o enterrado en la arena, a profundidades que varían desde la zona intermareal hasta los 50 m.

Cuando se mueve, sus pedúnculos oculares y el sifón inhalatorio sobresalen de la parte frontal, transportando agua para la respiración a una cavidad del manto © Damien Brouste
Generalmente solitario, durante la noche abandona su refugio y sale en busca de presas. Como todos los conidos, esta especie es un depredador altamente especializado. Aunque otros gasterópodos, como por ejemplo Cumia reticulata (Blainville, 1829), utilizan sustancias químicas complejas para capturar a sus presas, el veneno empleado por el Cono textil es, con diferencia, uno de los más estudiados. Si bien la mayoría de las especies de Conus son vermívoras (se alimentan principalmente de anélidos poliquetos) o piscívoras, las presas de Conus textile están constituidas esencialmente por otros moluscos (Strombidae, Nassariidae, Bursidae, así como bivalvos y otros Conidae).
Una vez localizada la presa mediante un órgano quimiosensor, el osfradio, el Cono textil se desliza hacia ella, extiende la probóscide y, al entrar en contacto con cualquier parte blanda del cuerpo, dispara una especie de arpón hueco, inyectando repetidamente un veneno muy potente. El envenenamiento progresa con rapidez y suele ir seguido de parálisis.
Ante una amenaza, Conus textile exhibe un comportamiento diferente.

En el dorso se nota un pequeño opérculo córneo en forma de garra, doblado hacia adentro para anclarse al sustrato © Shallow Reef
En primer lugar, el molusco se retrae dentro de la concha, que constituye un refugio seguro Si la amenaza persiste o se intensifica, el cono, aún protegido dentro de su concha, extiende la probóscide y la agita intentando picar al depredador.
Las picaduras de Conus textile en humanos son consecuencia de este comportamiento defensivo; la mayoría de los incidentes ocurren cuando un buzo recoge a Conus textile y lo presiona contra el traje de buceo, o cuando un recolector intenta limpiar la concha de un animal vivo.
Morfofisiología
La concha de Conus textile puede alcanzar una longitud máxima de 15 cm, con dimensiones medias de 8–9 cm. Presenta una espira moderadamente alta y un color de fondo marrón anaranjado con dos bandas centrales más oscuras, todo ello recubierto por líneas axiales onduladas de color marrón y manchas triangulares blancas; el interior de la abertura es blanco. El periostraco, la capa externa de la concha formada por conquiolina (una proteína queratinizada), es bastante fino y transparente, permitiendo ver a través de él los motivos cromáticos del diseño subyacente.
En su ambiente natural, la única parte generalmente visible del cono es el sifón inhalante, aunque en ocasiones también puede observarse la vaina de la probóscide, situada inmediatamente bajo el sifón y sobresaliente del extremo anterior del animal. Conus textile se desplaza sobre el sustrato utilizando el pie musculoso, que permanece en gran parte oculto por la concha. En el extremo posterior del animal se encuentra un pequeño opérculo córneo, replegado hacia el interior y con forma de uña, que se utiliza para el anclaje al sustrato tanto durante la locomoción como para estabilizar al animal cuando está enterrado en la arena.
Conus textile utiliza el veneno como medio de depredación y de defensa. Este gasterópodo paraliza a la presa mediante un aparato bucal especializado capaz de inyectar el veneno a través de dientes radulares altamente modificados, semejantes a arpones ganchudos y dentados. Estos dientes se alojan en un saco radular situado en la parte posterior de la faringe.
De forma simplificada, el aparato venenoso de Conus textile está constituido por cuatro órganos: 1) la glándula venenosa, donde se secreta el veneno; 2) el conducto venenoso, un finísimo tubo amarillento de 4–6 cm de longitud; 3) el saco radular, donde se alojan alrededor de 75 dientes de hasta 10 mm de longitud, capaces de almacenar el veneno; y 4) el complejo faringe-probóscide, cuyo extremo se invagina primero para recoger un diente y luego se expande rápidamente para inyectarlo en la presa.

Durante la depredación, en este caso del gasterópodo Nassarius papillosus, la probóscide, ubicada debajo del sifón, se evierte para inyectar un veneno paralizante © uwkwa
La estrategia depredadora del cono textil consiste en perseguir activamente a la presa y atacarla en repetidas ocasiones.
Un solo ataque dura, de media, apenas unos milisegundos y la presa suele quedar paralizada en el plazo de un segundo, pero el cono puede permanecer inmóvil sobre ella durante muchos minutos, periodo durante el cual no está claro qué sucede.
Tras la picadura se produce la inyección de una abundante cantidad de veneno, que en ocasiones genera una nube blanquecina que emerge de la punta de la probóscide. La primera inyección suele ralentizar a la presa, por lo que son necesarias dos, tres o más inyecciones con péptidos diferentes para paralizarla por completo.
El veneno producido por Conus textile está constituido por una compleja mezcla de más de 1000 péptidos neurotóxicos, denominados conotoxinas, que se liberan en los tejidos blandos de la víctima y actúan sobre su sistema neuromuscular.

Aquí, la presa se encuentra inmóvil y boca abajo con la pata evertida, mientras el Conus expande sus piezas bucales para absorber el tejido blando © uwkwa
La toxicidad de Conus textile está relacionada con su potente capacidad de unirse al ADN y con su elevada actividad hemolítica sobre los eritrocitos. Las conotoxinas que produce no solo sirven para la depredación y la defensa, sino que también tienen un gran potencial farmacológico: se estudian para el tratamiento del dolor crónico, la epilepsia, los trastornos neurodegenerativos, las enfermedades cardiovasculares e incluso el cáncer, gracias a su capacidad de destruir las membranas de las células tumorales.
Ya en el siglo XVIII, el biólogo Georg Eberhard Rumphius reportaba la peligrosidad de este molusco, que puede infligir picaduras muy dolorosas y, a veces, letales.
Se sabe que algunos peces, crustáceos y moluscos del género Octopus son depredadores naturales de Conus textile, pero esto es meramente anecdótico. Las poblaciones polinesias también lo utilizan como alimento, ya que su cocción inhibe el potencial tóxico del veneno.

En este Conus textil neovicarius, el periostraco opaco es visible, revelando el patrón triangular © Sylvain Le Bris
Etología-Biología reproductiva
La biología reproductiva de Conus textile no se ha estudiado extensamente, pero comparte muchas de las características comunes a la familia.
Presenta sexos separados con fecundación interna, y la hembra, que posee un receptáculo seminal, puede ser inseminada por varios machos.
Pone huevos una vez al año, adheridos al sustrato en cápsulas ováricas, cada una con un número variable de huevos.
Las masas de huevos suelen constar de hasta 25 cápsulas, y cada cápsula puede contener hasta 1000 huevos; por lo tanto, cada masa puede contener aproximadamente 25 000 huevos.
Las cápsulas tienen forma de bolsas planas y la hembra las coloca bajo capas de coral o roca para protegerlas.
La primera etapa del desarrollo larvario ocurre dentro de estas cápsulas, seguida de la etapa véliger, la fase pelágica con larvas que nadan libremente, y luego la etapa veliconcha, la fase bentónica con los pequeños moluscos jóvenes desplazándose sobre el sustrato.
Estas etapas iniciales de desarrollo son cruciales, y un gran número de individuos no sobrevive más allá de los primeros días tras la eclosión.
La fase pelágica dura entre 1 y 50 días. El ciclo de vida no incluye la etapa de trocóforo. Durante la etapa véliger, las larvas de Conus textile deben alimentarse de formas específicas de fitoplancton antes de asentarse y metamorfosearse en el ambiente bentónico.
Tras la metamorfosis, los pequeños conos siguen una dieta que puede ser muy diferente a la de los adultos o las larvas.
En resumen, las condiciones consideradas esenciales para el éxito reproductivo de Conus textile incluyen agua corriente, la presencia de una película biológica para la metamorfosis y una fuente de alimento adecuada.
En las poblaciones de la Polinesia Francesa, la esperanza de vida de este gasterópodo se estima entre diez y veinte años.

Las cápsulas ováricas, que contienen hasta mil huevos cada una, son fijadas al sustrato por la hembra una vez al año. El primer desarrollo larvario tiene lugar en su interior. A esto le sigue la etapa veliger, la fase pelágica con larvas nadadoras, y finalmente la etapa veliconcha, la fase bentónica con las crías desplazándose sobre el sustrato © Jean Roger
Es necesario subrayar que, aunque los moluscos marinos constituyen aproximadamente el 23% de todos los taxones marinos existentes, las investigaciones sobre su estado de conservación hasta ahora no han logrado reflejar plenamente su relevancia, con la consiguiente mínima inclusión en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
La pérdida del hábitat es considerada por muchos malacólogos como el principal factor de riesgo para las especies de moluscos marinos tropicales, y existen numerosas evidencias que respaldan esta opinión.
Allí donde la cobertura coralina ha sido gravemente dañada o degradada debido al aumento de la temperatura superficial de los océanos, a la contaminación, a la sedimentación, al desarrollo antropogénico costero y a la pesca destructiva, como se observa en gran parte de los trópicos, los nichos ecológicos de los moluscos asociados a los corales, como Conus textile, son ocupados por bivalvos que habitan en las grietas.

Aquí, un juvenil. Tras la metamorfosis, los juveniles siguen una dieta que puede ser muy diferente a la de los adultos o las larvas © Rafi Amar
Aunque esta especie, económicamente importante para la industria farmacéutica y para las poblaciones de pescadores que comercian con ella, parece capaz de sobrevivir trasladándose a regiones geográficas limítrofes, ante una nueva disminución de áreas climáticamente adecuadas la especie ya no sería capaz de desplazar su distribución, aumentando el riesgo de extinciones locales.
Sinónimos
Cylinder textile (Linnaeus, 1758); Conus undulatus [Lightfoot], 1786; Conus textile archiepiscopus Hwass, 1792; Cucullus auratus Röding, 1798; Cucullus auriger Röding, 1798; Conus reteaureum Perry, 1811; Conus verriculum Reeve, 1843; Conus concatenatus Kiener, 1850; Conus dilectus A. A. Gould, 1850; Conus corbula G. B. Sowerby II, 1858; Conus tigrinus G. B. Sowerby II, 1858; Conus cholmondeleyi Melvill, 1900; Darioconus osullivani Iredale, 1931; Darioconus textilis osullivani Iredale, 1931; Cylinder loman (Dautzenberg, 1937); Conus vezzarochristophei T. Cossignani, 2018; Conus estellae T. Cossignani, 2020.
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