Mandrillus sphinx

Familia : Cercopithecidae

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Texto © Spartaco Gippoliti – Mastozoólogo, IUCN/SSC – Primate Specialist Group

 


Traducción en español por el Dr. José Campos

 

Mandrillus sphinx, Mandrillo, Cercopithecidae

Por su mirada infernal rechinando los dientes, Mandrillus sphinx ha sido mal juzgado © Giuseppe Mazza

El Mandril, Mandrillus sphinx (Linnaeus, 1758), es un primate del Viejo Mundo, de la familia Cercopithecidae, subfamilia Cercopithecinae y tribu Papioninae.

Se ha incluido tradicionalmente, junto a los babuinos (Papio spp.) y el gelada (Theropithecus gelada Rüppell, 1835), en el grupo informal de los ‘monos cinocéfalos’, debido al desarrollo en longitud del cráneo, especialmente en los machos adultos, que lo hace similar al de un perro.

Sin embargo, estudios genéticos y morfológicos recientes han establecido que los monos cinocéfalos no están estrechamente relacionados entre sí, sino que el género Mandrillus es más afín a los monos semi-terrestres del género Cercocebus, con los que comparte adaptaciones a una dieta que consiste en semillas y nueces.

El número cromosómico, como en todos los Papioninae, es 2n = 42.

La distribución geográfica del mandril se extiende desde el río Sanaga en Camerún [que marca el límite con la distribución del dril (Mandrillus leucophaeus F. Cuvier, 1807)], al este hasta los ríos Ivindo y Ogooué en Gabón.

Al sur, no llega a alcanzar el río Congo. Por lo tanto, está presente en Camerún, Guinea Ecuatorial, Gabón y la República del Congo.

Esta especie, el mono viviente más pesado (excluyendo los antropomorfos), se caracteriza por un notable dimorfismo sexual: las hembras pesan en promedio unos 12 kg, mucho menos de la mitad que los machos, que pueden alcanzar los 35 kg en la edad madura, es decir, alrededor de los 10 años de edad.

Estos presentan llamativos colores en el hocico, las nalgas y el escroto y un abultamiento con pronunciados pliegues a ambos lados del hocico.

Darwin ya mencionó que, en momentos de emoción, los colores de las partes desnudas se vuelven aún más brillantes.

Los machos subordinados no tienen la rica coloración de los machos dominantes.

Otra diferencia con los babuinos de las sabanas es que la cola del mandril es erecta y muy corta, sin superar los 8 cm.

El macho presenta caninos desarrollados que se usan para la competencia intrasexual y además como defensa contra los depredadores, en particular el leopardo (Panthera pardus).

Mandrillus sphinx, Mandrillo, Cercopithecidae

Símbolo erróneo de violencia y lujuria, aún hace alarde de terribles caninos © Giuseppe Mazza

Una peculiaridad típica del clado Mandrillus/Cercocebus es la presencia de premolares tan grandes como el primer molar, un carácter primitivo que puede estar relacionado con la necesidad de romper nueces y semillas.

El mandril macho es uno de los pocos monos del Viejo Mundo que exhibe un comportamiento de comunicación química mediante una glándula torácica o esternal, comportamiento relacionado con la actividad sexual que comienza a partir de los siete años de edad.

De hecho, generalmente se creía que el sentido del olfato desempeñaba un papel importante solo en los prosimios y en los primates del Nuevo Mundo.

Desde un punto de vista ecológico, el mandril puede describirse como un frugívoro forestal semi-terrestre.

Sin embargo, se ha observado que parece preferir las semillas que han caído al suelo después del período de fructificación.

Una consecuencia importante es que las semillas, que se descomponen más lentamente que la fruta, constituyen un recurso alimenticio importante mucho después del período de fructificación y no son fácilmente accesibles para otros animales.

Su dieta también incluye invertebrados, pequeños vertebrados, huevos y tubérculos que busca entre la hojarasca en el suelo, así como hormigas y termitas.

Pasa la noche en los árboles. Como es común en los cercopitécidos, las hembras son filopátricas y constituyen el armazón de la estructura social, mientras que los machos jóvenes abandonan el grupo donde nacieron.

Mandrillus sphinx, Mandrillo, Cercopithecidae

Con 35 kg, el macho es el mono más pesado, con excepción de los antropomorfos © Giuseppe Mazza

Se pensaba que pequeñas unidades sociales se pueden reunir para formar manadas de más de 50 individuos.

Recientemente, algunos investigadores han observado grupos de cientos de mandriles que se mueven juntos durante auténticas migraciones en la temporada en la que escasea la fruta.

En el Parque Nacional Lope en Gabón, una de estos grupos incluía entre 600 y 800 hembras y jóvenes.

Los machos adultos son aparentemente solitarios, excepto durante un período de dos a tres meses, en la estación seca, cuando se unen a las manadas y compiten intensamente por las hembras.

En este período emplean un rico repertorio de señales vocales y visuales, además de marcar los árboles con las secreciones de la glándula esternal.

Los machos usan las reservas de grasa acumuladas previamente porque no pueden alimentarse durante este período, una estrategia que recuerda a la del ciervo común Cervus elaphus.

Debido a la gran cantidad de individuos que forman las manadas, su «área de campeo» anual es muy grande, mientras que los machos adultos probablemente están ligados a áreas bastante limitadas.

En Lope, el área de un grupo de unos 700 mandriles se ha estimado en 182 km2 aproximadamente, de los cuales 90 corresponden a bosque cerrado.

Los mandriles han ocupado preferentemente fragmentos aislados con bosques de galería por su alta diversidad botánica, en lugar de bosques propiamente dichos.

Las hembras muestran un abultamiento del área perianal durante la ovulación, pero de menor tamaño que la que muestran los babuinos del género Papio.

La gestación dura 175 días y los nacimientos ocurren principalmente durante la estación húmeda.

La primera descripción del mandril es la del naturalista suizo Konrad Gesner (1516-1565), que quedó impresionado por su gesto de sumisión: «cuando se le amenaza o se le señala con un dedo, este animal se da la vuelta mostrando sus nalgas».

Cuvier describirá más tarde el mandril con estas palabras poco halagadoras: “El grito, la mirada y la voz del mandril indican una impudicia brutal. Parece que la Naturaleza quería convertirlo en la encarnación del vicio en toda su repugnante fealdad «.

Y Brehm aumenta la dosis:

Mandrillus sphinx, Mandrillo, Cercopithecidae

Un ejemplar manso, Happy Jerry, comió nada menos que en la mesa con Jorge IV © G. Mazza

«Sus ojos brillan con un esplendor infernal, todavía acrecentado por la fuerza diabólica que emana de todo el cuerpo».

El rechinar de dientes, que en esta especie tiene un significado apaciguador, y otros comportamientos que resaltan las áreas sexuales coloreadas a menudo han llevado a Occidente a ver en el mandril un símbolo de violencia y lujuria, algo que hoy en día no está de ninguna forma justificado. Es probable que futuros estudios hagan justicia a las habilidades cognitivas del mandril.

Aunque rara vez se ha domesticado, un famoso mandril llamado Happy Jerry, de excelente carácter y hábil manejando el tenedor y el cuchillo, tuvo el raro privilegio de almorzar en la mesa de Jorge IV en el castillo real de Windsor.

Debido a su tamaño, el mandril representa una presa codiciada por los cazadores en toda su área de distribución y esto ha llevado a la desaparición de la especie en amplias regiones. La tala selectiva de los bosques también representa una gran amenaza para esta y otras especies que se cazan (la llamada ‘carne de animales salvajes’), ya que abre rutas de fácil acceso para los cazadores y para el transporte de la carne a los mercados urbanos.

Debido a sus características ecológicas, el mandril necesita territorios muy grandes y, por lo tanto, las áreas protegidas de poca extensión pueden ser ineficaces a largo plazo. Se considera Vulnerable (VU) por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

La especie está incluida en el Apéndice I de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). Hay una población próspera en los zoológicos de todo el mundo. Se reprodujo por primera vez en cautividad en Dublín en 1876.

La longevidad máxima en cautividad es de 40 años.

 

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