Familia : Muscicapidae

Texto © Dr. Gianfranco Colombo

Traducción en español por la Dra Cristina Valcuende
El canto del ruiseñor es inconfundible, resonante y melodioso, emitido tanto de día como de noche, especialmente durante el período reproductivo © Pierandrea Brichetti
Cuenta la leyenda que el Ruiseñor cantaba únicamente de día y que durante la noche descansaba escondido entre los arbustos de madreselva y los sarmientos de la vid. Una noche, más adormilado de lo habitual, un Zarcillo se enredó en sus patas atrapándolo e impidiéndole emprender el vuelo al llegar el nuevo día. Fue así que, para mantener su libertad, el Ruiseñor aprendió a cantar durante la noche, a lo largo de toda la oscuridad, evitando cuidadosamente dormir.
En realidad, existen numerosas leyendas sobre esta ave, y cada región del amplio territorio que ocupa esta especie posee su propio relato, relacionado con tradiciones religiosas, cuentos agrícolas o historias de amores imposibles, pero siempre estrechamente vinculadas a su melodiosa actividad y a los extraños horarios en los que se desarrolla.
Excluyendo, por supuesto, a las aves nocturnas que hacen de la oscuridad su mundo, son pocas las aves diurnas que cantan durante la noche y mucho menos de un modo tan melodioso como el Ruiseñor.

Listo para esconderse en el bosque, aunque no teme a los humanos en la ciudad, el Ruiseñor común tiene una extensa zona de reproducción: Europa continental, parte de Asia Central y las costas noroccidentales de África © Luigi Sebastiani
Solo la Codorniz (Coturnix coturnix), el Cuclillo (Cuculus canorus), el Petirrojo (Erithacus rubecula) y, ocasionalmente, algunos carriceros (Acrocephalus spp.) y algunos escribanos (Emberiza spp.) lo imitan, pero sin alcanzar la melodiosidad y la intensidad que hacen famoso a este pájaro.
El Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos Brehm, 1831) pertenece al orden Passeriformes y a la familia Muscicapidae, y es uno de los pájaros más conocidos de nuestro Paleártico, aunque por su discreción y por su plumaje bastante discreto, es prácticamente conocido solo por los ornitólogos.
En el pasado se le asignó a la familia Turdidae, pero hoy se ubica en la de los papamoscas, es decir, los Muscicapidae.
El nombre común de Ruiseñor se ha usado para referirse a otras especies de aves, a menudo no pertenecientes a la misma familia, que en su canto o en algunos de sus comportamientos presentan características que recuerdan a esta especie. Así, encontramos el Ruiseñor de río (Cettia cetti), el Ruiseñor africano (Cercothrichas galactotes), el Ruiseñor japonés (Leiothrix lutea), así como el Ruiseñor común mayor (Luscinia luscinia) que, como veremos, resulta morfológicamente casi indistinguible en el campo de nuestro Ruiseñor.
La etimología del nombre científico del género Luscinia proviene del término latino homónimo “luscinia” = Ruiseñor, mientras que para la especie megarhynchos se deriva del griego “mega” = grande y “rhunkhos” = pico, para diferenciarlo del congénere Ruiseñor común mayor (Luscinia luscinia).
Cabe destacar que Linneo clasificó en 1758 primero al Ruiseñor común mayor, dándole el nombre de Motacilla luscinia, mientras que el Ruiseñor común obtuvo una distinción correcta solo 73 años después, gracias a Brehm.
De una deformación del término lusciniolus = pequeña luscinia, surgieron otras alteraciones verbales que llevaron a añadir una “r” inicial, convirtiéndose comúnmente en Rossignol en el área franco-ibérica.
En otros países, su nombre vulgar se combina con el término “noche”, debido a su particular comportamiento nocturno.
En inglés se le llama Common Nightingale, en alemán Nachtigall, en francés Rossignol philomèle, en español Ruiseñor común y en portugués Ruouxinol comum.

En cuanto llegan, a finales de abril, los machos se hacen notar de inmediato con su melodioso canto, que sirve para marcar su territorio de caza y atraer a las hembras, que son prácticamente mudas salvo por sus pequeños cantos © Gianfranco Colombo
Muy romántico resulta su nombre japonés, Sayonakidori, derivado de “sayonara” = saludo y “kidori” = afecto.
¿Quién no se ha detenido alguna vez a escuchar su canto durante la noche?
Basta con un arbusto espeso y algo apartado, una hilera de árboles bajos con un arroyuelo que corre a sus pies, o incluso un rincón de jardín suficientemente amplio para ofrecer algo de intimidad, y de repente aparece, sin haber sido visto, este cantor nocturno que no puede pasar desapercibido, o mejor dicho, sin ser escuchado.
No es raro oírlo también en la ciudad, en parques públicos o en antiguos jardines de casas nobiliarias, demostrando una familiaridad que va mucho más allá de su carácter esquivo.
Esta inspiración llevó a Manning Sherwin a componer la conocida canción “A Nightingale Sang in Berkeley Square”, recordando que incluso en el centro de Londres, estos pajarillos encontraban un hábitat adecuado para alegrar las noches de los enamorados que paseaban por los jardines de este bulevar arbolado:
“…Las calles de la ciudad estaban pavimentadas con estrellas, fue un encuentro tan romántico y cuando nos besamos y nos deseamos buenas noches, un Ruiseñor cantó en Berkeley Square…”.
Muchos poetas europeos lo han mencionado en sus obras, no solo por el romanticismo y el intenso pathos de su canto, sino también como mensajero del inicio o del final de la noche.
Shakespeare hace decir a Julieta, al alba de la noche de amor con Romeo:
“…La madrugada aún está lejos. Fue el Ruiseñor, no la Alondra, el que hirió tu oído ansioso. Canta cada noche sobre la granada allí abajo. Créeme, amor, era el Ruiseñor….”
Por el contrario, Carducci, en el poema “Davanti a San Guido”, anuncia la llegada de la noche recordando:
“…Y como este ocaso está lleno de vuelos, ¡qué alegre el gorjeo de los gorriones! Por la noche cantarán los ruiseñores: permanezcan, y no sigan los fantasmas culpables…“
Directores, músicos y escritores han completado el retrato literario de este apreciadísimo pájaro. Vivaldi, Haendel, Beethoven, Mendelssohn, Liszt y Respighi, en siglos muy distantes entre sí, supieron trasladar su canto a sus inolvidables composiciones musicales.
Zoogeografía
El área de nidificación de Luscinia megarhynchos es extremadamente extensa y abarca toda la Europa continental, una parte de Asia central y las costas noroeste de África.

Se alimenta incansablemente de insectos, incluyendo pupas y orugas, y de cualquier invertebrado que encuentre entre la hierba y las ramas. Sin embargo, antes de partir en agosto, cambia su dieta, pasando parcialmente a bayas y frutos silvestres para obtener la cantidad de grasa necesaria para el largo viaje a África Central © Luigi Sebastiani
No se encuentra al norte de las costas del mar Báltico, en Irlanda ni en Escocia, en todos los países escandinavos, y hacia el este está ausente en Polonia y Ucrania, en la Rusia centro-norte y en toda la zona situada a la misma latitud hasta Mongolia, el punto más oriental de su territorio, habitado por poblaciones escasas y dispersas. El límite sur de su área de distribución incluye algunas poblaciones en la península arábiga, en Irán, Afganistán y al norte de la cadena del Himalaya, extendiéndose nuevamente hasta Mongolia.
El Ruiseñor es un migrador de larga distancia y todas sus poblaciones pasan el invierno en África, en una franja que sigue paralela al límite meridional del desierto del Sahara.
Desde Senegal alcanza, sin interrupciones, el Cuerno de África, área que reúne tanto a las poblaciones de Europa oriental como a todas las asiáticas.
La migración hacia el norte hace que los primeros ejemplares lleguen a los territorios de nidificación hacia finales de abril, mientras que la fase migratoria otoñal comienza ya en agosto y se prolonga aproximadamente unas diez semanas.

Aquí, puede desplegarse con audacia para inspeccionar su territorio, mientras que durante su invernada africana, es tímido y casi silencioso, salvo por pequeñas señales de advertencia en caso de peligro inminente © G. Colombo
Ecología-Hábitat
El ambiente que frecuenta el Ruiseñor durante la nidificación difiere notablemente del que ocupa en invierno.
Mientras que en este último caso la vida del pajarillo está marcada por una verdadera lucha por la supervivencia, debiendo competir con las especies autóctonas presentes en los lugares de invernada, durante la época de reproducción encuentra con facilidad el hábitat ideal para crecer y perpetuar la especie.
Los ruiseñores se encuentran en ambientes boscosos, en matorrales densos, zarzales y manchas de ribera, a lo largo de cursos de agua incluso de escasa entidad, en la densa maquia mediterránea y en cualquier otro lugar que ofrezca cobertura arbórea, aunque no sea alta, y que garantice un sotobosque húmedo y despejado, rico en humus, donde poder buscar alimento.
Avellanares, bosquecillos de robinia y aliso, bajos plátanos con copas que se proyectan sobre cursos de agua, son los lugares ideales para este pájaro.
En este entorno encuentra el lugar adecuado para alimentarse, nidificar y ocultarse de la vista de quienes quisieran observarlo durante sus innatas y evidentes manifestaciones de canto.
Aunque es muy reservado, el Ruiseñor no teme al ser humano; de hecho, elige invariablemente una posición suficientemente elevada desde donde puede observar todo a su alrededor, sin mostrar demasiada disposición a desplazarse incluso ante la cercanía de las personas.
Así se explica cómo a veces entra en las ciudades, enfrentándose a los ruidos y al desgaste de la vida urbana. De hecho, algunos estudiosos han comprobado que los ruiseñores urbanos vocalizan con un tono más acentuado que los de campo, precisamente en un intento de sobreponerse con su canto a los ruidos de la ciudad.
El Ruiseñor sabe que es prácticamente invisible cuando se oculta entre la vegetación y aprovecha de manera perfecta esta innata capacidad de camuflaje.
A diferencia del Ruiseñor común mayor, el Ruiseñor común prefiere climas más soleados y templados, aunque evita áreas demasiado calurosas y áridas.
El abandono de las zonas rurales ha favorecido la formación de hábitats adecuados para la presencia de este pájaro, aunque el cambio estructural en el tipo de agricultura, llevado a cabo en amplias áreas de nuestro territorio y orientado principalmente hacia los monocultivos, ha eliminado por completo en algunas regiones su hábitat tradicional.
En las áreas de invernada, el entorno es bastante variado, generalmente seco y cubierto de matorrales, como es habitual en el Sáhara, aunque la mayor densidad se observa en zonas de ribera a lo largo de ríos y cursos de agua, y en bosquetes más o menos densos.

En los trópicos, el entorno es hostil para un pájaro nacido en matorrales y zarzas, cursos de agua y sotobosque húmedo y abierto, rico en humus, donde puede alimentarse © Luigi Sebastiani
Allí, el Ruiseñor es aún más esquivo de lo habitual, quizás incapaz de adaptarse a un entorno completamente diferente al que acaba de dejar, donde ocultarse significa, más que nada, sobrevivir.
En África no establece un territorio propio a defender, no canta y permanece prácticamente silencioso, salvo por pequeñas señales de advertencia ante cualquier peligro inminente. La invernada en tierras extranjeras es un período difícil para todos los migradores, que además de tener que adaptarse a un entorno ajeno, enfrentan una fuerte competencia alimentaria con las poblaciones autóctonas.
Morfofisiología
La belleza de su canto contrasta con la modestia de su plumaje. Se podría pensar que, con el don de su melodiosa voz, la naturaleza consideró que ya le había dado más de lo necesario a este pájaro, sin requerirle nada más.
Nada extraño: el Pavo real (Pavo cristatus) posee su cola fantástica pero uno de los cantos más desagradables de la naturaleza, mientras que el Ruiseñor recibe los dones en sentido contrario.

El Ruiseñor tiene un plumaje muy modesto: castaño oscuro en la parte superior del cuerpo y blanco cremoso pálido en todo el pecho, hasta la cola. Rara vez alcanza los 17 cm, con un peso de 23 g y una envergadura de unos 24 cm © Luigi Sebastiani
Además, si este pajarillo tuviera un plumaje espectacular, probablemente sería víctima frecuente de depredadores, dado su modo evidente y persistente de anunciar su presencia, ahora protegido por un camuflaje natural.
Luscinia megarhynchos tiene un plumaje muy discreto y monocromático. Su parte superior es totalmente castaño oscuro y el pecho, hasta debajo de la cola, es de un blanco crema atenuado.
La única particularidad es precisamente la cola, de un tono avellana más claro y marcado, que se aprecia especialmente cuando el pajarillo se mueve rápidamente a ras de suelo entre los arbustos.
Alcanza una longitud total rara vez superior a 17 cm, un peso de 23 g y una envergadura aproximada de 24 cm.
Queda claro así el motivo de su mimetismo cuando se encuentra inmerso en la densa sombra de un arbusto espinoso: un pajarillo pequeño, camuflado, escondido en la sombra y casi siempre inmóvil.
A diferencia de los sílvidos y los carriceros, aves que frecuentan los mismos hábitats, Luscinia megarhynchos carece de la continua vivacidad de movimientos propia de estas familias, prefiriendo permanecer inmóvil y oculto en una ramita, tanto durante el canto como mientras espera para detectar alguna presa.
No presenta dimorfismo sexual, y los individuos inmaduros solo son reconocibles al principio por la cola, que es más corta y truncada que la de los adultos. La madurez se alcanza durante el segundo año de vida.
Se han clasificado tres subespecies, estrechamente vinculadas a las áreas específicas que ocupan: Luscinia megarhynchos megarhynchos de Europa, Medio Oriente y el norte de África Luscinia megarhynchos africana de Anatolia, región del Cáucaso, Irak e Irán Luscinia megarhynchos golzii del centro de Asia hasta Mongolia
Biología reproductiva
Luscinia megarhynchos comienza a cantar inmediatamente al llegar al lugar elegido para la nidificación. Son los machos los que llegan unos días antes que las hembras, para ocupar un área e indicar a las hembras en migración su presencia y la conquista del territorio.

El nido se encuentra a pocos centímetros del suelo: una profunda copa que oculta casi por completo a la hembra que incuba. Suelen ser cinco huevos, muy bien camuflados © Museo Cívico de Lentate sul Seveso
El canto nocturno evidencia que la migración se realiza durante la noche, aunque el canto, impulsado por la excitación estacional, continúa incesantemente también durante el día, especialmente en las semanas posteriores a la llegada, cuando el macho, además de señalar la propiedad del territorio, acompaña y conforta a la hembra ocupada en la incubación.
El nido de Luscinia megarhynchos es construido por la hembra bajo la supervisión del macho y generalmente se sitúa a pocos centímetros del suelo o incluso en el suelo, entre las ramitas de un tocón de aliso u otros arbustos. Raramente se encuentra a algunos decímetros del suelo, colgado entre los bajos zarzales, pero siempre bien oculto a la vista y perfectamente mimetizado con el entorno.
La incubación dura menos de dos semanas, y los polluelos, alimentados de forma constante por ambos progenitores, abandonan el nido tras unos 12 días. Posteriormente, continuarán siendo atendidos por aproximadamente otras dos semanas, el tiempo necesario para aprender el arte de la caza.
El nido se construye con hojas secas cuidadosamente entrelazadas, que podrían parecer un amasijo desordenado de material en descomposición, pero que en realidad forman una copa profunda y perfectamente elaborada, forrada con material seco más fino y delicado que lo hace extremadamente confortable para la puesta y la incubación.

La incubación dura menos de dos semanas, y los polluelos, alimentados por sus padres, abandonan el nido a los 12 días. Se les sigue durante otras dos semanas, tiempo para aprender el arte de la caza © Museo de Lentate sul Seveso
Cuando la hembra está agazapada en el nido, prácticamente desaparece de la vista en la profundidad de la copa, dejando al descubierto solo la punta de la cola.
Las habituales cinco huevos son muy miméticos, de color gris verdoso uniforme, lo que los hace invisibles gracias a la profundidad de la copa y al entorno sombrío en el que se encuentra el nido.
La incubación, a cargo únicamente de la hembra, dura menos de dos semanas, y tras otros 12 días los polluelos abandonan el nido, aunque continúan siendo cuidados activamente por los padres durante al menos un par de semanas más.
En condiciones climáticas favorables, el ruiseñor puede realizar dos puestas al año. La pareja es monógama únicamente durante la temporada reproductiva.
Su alimentación principal consiste en insectos, crisálidas y larvas, así como en otros invertebrados. Durante el periodo previo a la migración, el Ruiseñor modifica parcialmente su dieta, incorporando bayas y frutos silvestres, lo que le permite acumular la grasa necesaria para afrontar el largo viaje hacia el centro de África.
En cuanto a su comportamiento vocal, el repertorio de Luscinia megarhynchos no tiene comparación con otras aves por la melodiosidad de sus tonos, el gran número de gorjeos y la potencia de su canto. Se calcula que los machos adultos, con varios años de experiencia cantando, pueden superar los 200 tipos de gorjeos durante su canto.
Silbidos, trinos, modulaciones y glissandos forman parte habitual de su repertorio. Esta habilidad vocal se aprende desde los primeros días después del vuelo, escuchando e imitando a sus viejos maestros.
Solo así podrán, al año siguiente, conquistar un territorio y atraer a una hembra en migración: cuanto mayor sea la capacidad vocal del individuo, mayores serán sus posibilidades de conseguir pareja. Sin embargo, no todos logran aprenderlo, y a menudo se requieren varias temporadas antes de alcanzar el éxito pleno.

Las poblaciones de Luscinia megarhynchos son estables y, dada su amplia distribución, actualmente no se considera una especie en peligro de extinción © Bruno Dentesani
Al respecto, como ocurre con frecuencia entre las aves cantoras que ocupan amplios territorios, se ha observado en los ruiseñores el uso de “dialectos” locales que los distinguen según su grupo de procedencia.
En conclusión, este Ruiseñor puede ser un pajarillo invisible, tímido y esquivo, amante de la soledad y la tranquilidad, pero sigue siendo uno de los pájaros más queridos y reconocidos por las poblaciones que comparten su territorio.
Su canto no necesita traducción: es un lenguaje sin fronteras, un mensaje internacional de melancolía, un suave “leitmotiv” sin tiempo que ha acompañado, a lo largo de los siglos, las noches veraniegas más apasionadas y románticas de nuestros campos.
Como decía Giambattista Marino, poeta italiano del Reino de Nápoles, hace justo cinco siglos: “¡en mil formas su canto distingue y transforma un idioma en mil lenguas!”
Las poblaciones de *Luscinia megarhynchos* son estables y, desde 2024, la especie figura como «LC, Least Concern» (Preocupación menor) en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN.
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